Carmen, española de 24 años

Tiene fobia a los botones

Carmen Gandia Medina no tiene ni una sola prenda de ropa que lleve botones: ni una camisa, ni una chaqueta de lana, ni una cazadora. Nada. Y a sus amigos no les deja llevar botones cuando quedan con ella.

“Si llevas una camisa con botones y salimos por ahí a cenar, yo no puedo comer, porque veo los botones y me entra angustia”, dice Carmen de 24 años. “Si toco un botón, me tengo que lavar en seguida las manos, eso siempre, si no, se me queda como el tacto ahí en la mano”.

Parece una locura, pero, mira bien tu teléfono móvil. ¿A qué no tiene casi botones? Puedes darle las gracias a Steve Jobs. Resulta que el co-fundador de Apple tenía koumpounofobia, es decir, miedo a los botones, cosa que tuvo mucho que ver con su obsesión por las pantallas táctiles (y las camisetas negras de cuello alto).

El nombre de la fobia viene del término griego koumpouno que significa botón. Aún no está claro por qué hay tanta gente a la que le desagradan los botones; y curiosamente, parece que solo se da con los botones de plástico, y no así con los de metal de los pantalones vaqueros.

“Si llevas una camisa con botones y salimos por ahí a cenar, yo no puedo comer, porque veo los botones y me entra angustia”.

“Los de metal no me molestan”, confirma Carmen. “Desde pequeña me dan asco los botones, los botones que tienen cuatro puntos e hilo en medio, ¿sabes? los hilos me dan asco, o sea, a raíz de que los botones me dan asco, los hilos sueltos que vea por ahí me dan asco también. Un amigo mío dice que va a hacer una campaña de ‘no a los botones, sí a las cremalleras’”.

Carmen ha desarrollado una serie de mecanismos para sobrellevar este mundo repleto de botones. En el bus o en el metro baja la mirada hacia el suelo para evitar ver sin querer algún hiriente botón. Sus parejas se dan cuenta pronto de que si osan llevarlos, se les va a tratar con menos cariño. Y por supuesto, huye de los botones como de la peste cuando se compra ropa.

Los amigos de Carmen solían bromear sobre su miedo a los botones y le dijeron que lo buscara en Facebook, así que un día lo buscó en Google y dio con un grupo de Facebook donde otros koumpounofobos comparten el horror de toparse accidentalmente con botones en su vida diaria. “La gente alucina: ‘hay más gente como tú, no eres la única’. Pero todavía no he conocido nunca a nadie en persona con este miedo, y me gustaría. Porque es algo tan extraño”.

Carmen sigue sin tener ni idea de por qué le dan tanto asco los botones, y en realidad, no es solo cosa de botones. “La lana me da asco, y los hilos. Las monedas pequeñas como las de un céntimo también me dan un poco de cosilla, debe de ser porque tienen la misma forma que un botón. Y los pendientes pequeños. Todo lo que es super pequeño me da asquito”.

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