Isa, española de 42 años

Le da pánico ver huesos de olivas

Isabel López no puede comer olivas. Y no es por el sabor, sino porque ver un hueso de oliva le revuelve el estómago. Esto le pasa desde muy pequeña, desde que tiene uso de razón. A su hermana pequeña le pasa lo mismo. Isa se crió en tierra de olivos y a su hermana mayor le encantan las olivas, se las come como si nada ¿Qué les pasa entonces a las hermanas pequeñas? No han sabido nunca por qué, pero pensar en huesos de olivas les revuelve la tripa y les da ganas de vomitar.

“Hasta que no tuve 25 años no me comí una fruta que llevara hueso”, explica Isa, que tiene ahora 42 años. “Ni una cereza, ni un melocotón. Ahora ya sí, pero las cerezas, por ejemplo, las corto en cuatro trozos con un cuchillo y así no tengo que ver el hueso. Me lleva media hora, pero bueno, me las puedo comer. Aún así, con las olivas no puedo. No soporto ver el hueso”.

Socialmente es muy duro. En la mesa sus amigos discretamente le quitan de la vista los huesos de olivas. Pero a Isa le cuesta hablar de ello con conocidos o compañeros de trabajo.

“Hasta que no tuve 25 años no me comí una fruta que llevara hueso. Ni una cereza, ni un melocotón. Ahora me lleva media hora, pero bueno, me las puedo comer. Aún así, con las olivas no puedo. No soporto ver el hueso”.

“Es bastante complicado. Lo que hago es poner platos, botellas de vino y agua, vasos y copas delante de mí. Sin que se den cuenta yo estoy hablando pero a la vez voy moviendo todas esas cosas en la mesa para no tener que ver los huesos. Y ya no los veo, y no pasa nada”, dice.

“Lo paso mal porque la gente no lo comprende. Y en realidad, yo tampoco lo entiendo. Pero es así, así es como me siento y no puedo cambiarlo”.

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