Sabine, austriaca de 47 años

Tiene miedo a las vainas de semillas de loto

Al crecer, Sabine tuvo la mala suerte de cogerle miedo a algo que a menudo está en la mayoría de casas austriacas: los arreglos de flores secas que siempre incluyen vomitivas vainas de loto.

“Por alguna razón, en mi tierra, Austria, se lleva mucho lo de decorar con flores secas. Mi abuela y mis tías, todas tenían en casa, y casi todas incluían vainas de loto, que son repulsivas hasta decir basta”, dice Sabine. “Casi me hacen daño físico. Me parecen aliens. No son… normales. No son algo que deba existir”.

De niña, le valía con apartar la mirada. De adulta, pensar en ello ya le supera. “Es no saber qué hay en los agujeros, creo”, dice. “Es una tontería, pero algo horrible, como algún bicho, podría salir de ahí en cualquier momento y acojonarme viva. Creo que eso es. Es como, ¿para qué son los agujeros? ¿qué esconden? Uff. ¿Tal vez sea más una fobia a los agujeros?”.

Resulta que Sabine no está sola. A un montón más de personas les dan asco las vainas de loto, esas cabezas de semillas de las plantas de loto que parecen sacadas de otro planeta. Cuando las semillas se caen, dejan un conjunto de pequeños agujeros vacíos que repugnan a aproximadamente una séptima parte de la población.

“Es una tontería, pero algo horrible, como algún bicho, podría salir de ahí en cualquier momento y acojonarme viva. Creo que eso es. Es como, ¿para qué son los agujeros? ¿qué esconden? Uff. ¿Tal vez sea más una fobia a los agujeros?”.

O al menos eso es lo que se recoge en este estudio de 2013. Durante años, la gente había revelado en foros de Internet su miedo secreto a cualquier cosa llena de hoyos: vainas de loto, esponjas, pompas de jabón, bollos, panales de miel e, incluso, chocolate aireado. Hasta le han puesto el nombre (aunque de momento no se reconoce a nivel médico) de tripofobia.

En 2013, un par de psicólogos científicos de la Universidad de Essex descubrió que el 16 % de los participantes de su estudio sentían pánico ante imágenes de agujeros, así que igual no es algo tan raro. Los investigadores estiman que la tripofobia podría ser en realidad una fobia latente, un vestigio de antiguas amenazas, tales como colmenas, flores tóxicas y criaturas venenosas. “Estos hallazgos sugieren que puede haber una parte del cerebro evolutivamente antigua diciéndole a la gente que está viendo a un animal venenoso”, dijo Geoff Cole, uno de los investigadores en un comunicado de prensa.

Sabine se mudó a España, donde las repulsivas vainas de loto secas no son nada comunes. Bueno, ha vivido ya en España 17 años, pero quizá una vida libre de vainas de loto fuera un inconsciente motivo para hacerlo. Pero ella misma dice que sigue alerta ante otras cosas con hoyos: por ejemplo, tapa rápidamente los agujeros que al azar excavan animales en su jardín.

O sea, que más le vale no echar un vistazo a estas aterradoras fotos de vainas de loto photoshopeadas en distintas partes del cuerpo…

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